domingo, 17 de septiembre de 2017

Poetas Cubanos (VI): Francis Sánchez


La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio.

El escritor debe soportar la soledad, saberse un ser marginal. Que los escritores seamos marginales es más una condenación que una bendición.

Para mí la poesía y el pensamiento son un sistema de vasos comunicantes. La fuente de ambos es mi vida; escribo sobre lo que he vivido y vivo.

Octavio Paz





Una de las voces poéticas residentes en Cuba, que me resultan más inquietantes es Francis Sánchez. Entiéndase Inquietud como la constante atención que despiertan unos versos de intensidad casi sobrehumana, cuyo esplendor cognoscitivo, y experiencia vital, estallan de continuo entre los retazos que intento preservar en mi memoria poética

También es uno de los menos atendidos (entendidos) por lo que suele llamarse crítica, y no es más que una manada de lechuzas petulantes y facinerosas, que nada entienden de poesía limitándose a envidiar con silenciosa mezquindad el don profético y desgarrador de cada palabra, escrita, dibujada, impresa, por la mano segura del poeta.

Mano impulsiva, retadora, tenebrosa, y hasta desgarrante (sí, así mismo, soltemos aquí la palabreja); que no se confina a explorar en sus textos un camino formal apenas desbrozado anteriormente por los discursos poéticos de la isla, desde el dialogo con la tradición hasta el emplazamiento definitivo de la modernidad; sino que transgrede ese espacio temporal, para aligerar su propia carga de afectos y desencuentros sensitivos, todo cuando aqueja y lastra su experiencia.

Poeta que sobrevive sin artificios ni florituras, que llega por su propio valor al enfrentarse al miedo y a la palabra, a los silencios que la humanidad tiende a colocar en su camino, para acallar el canto desgarrador de su alma herida, dilatando la muerte.

A esto nos conducen los versos de Francis Sánchez, a un combate total entre la imagen del Albatros en Baudelaire y el espacio contenido en los laberintos formados entre El Cementerio Marino de Valery, o La Tierra Baldía de Elliot. Sin apartarnos del reclamo impuro de Altazor o de la escapada lírica de Rimbaud. Legándonos una figura retórica intangible, no identificable con algún sujeto en particular, sino que multiplicada en la negación de su propia existencia.


Hoy visito su casa literal. 
Hoy invito a leer su poesía. 
Hoy comparto su titánica experiencia.



SI PUDIERA COMO TÚ, JUANA



¿Cuál guirnalda espera la sabiduría humana
si ve la que obtuvo la divina?
J. Inés de la Cruz

¡Pero no me preguntes lo que duerme
bajo el sudario de la sombra muda…!
J. Borrero

Si pudiera como tú, Juana, bañarme todo el tiempo
en la inmanencia del azul, contemplar que se callan
los orbes del reposo.
Si cargara bajo mi piel efímera, como la rueda de
un molino ese anteojo que se alarga a través del
silencio. Y si hurtara mínimos bordes a los sueños
—praderas donde persigues pirámides solares
devenidas en coros—, si una sombra, al menos una
supiera pasar por el hueco de mi mano.
Pero no. Debo expirar todavía más.
Fui capaz de huir dejando desamparadas las luces que
me agigantaron contra la pared del fondo.
He recogido los brazos en la cruz, torpe, alrededor
del himno y el escozor que otros merecían.
Eludí el desfile portentoso de los fuertes.
No alcé mi cabeza, en bandeja de plata, para brindar
por la victoria.
En la exacta ordalía de cada vuelo encuentran los
elegidos mi grano de rigidez.
Si pudiera lo apostaría todo. Mi ventana, y con
ella el tiempo de un Dios escandaloso. Todo.
Cuando era solo una niña, y aleteando siempre en
un mismo rayo invisible esperabas con quien permutar
las palmas de las manos, tus cabellos, tu pecho,
un signo frágil como el aire…


MÚSICA DE TRASFONDO


No grites desde lejos, Alejandra, vas a intentar sin querer un lazo con tus párpados, para levantar la aguja del disco.

Nuestra huella de agua sobre la mesa está sobreviviendo al rostro. Acércate desde adentro con toda la rabia de lo que no nos pertenece.

A esta hora vaciaré en el polvo de las cortinas mis carnes negras como cien pájaros volando, y tendrás que enseñarme una acequia entre las uñas de doble raíz. Una perversa estrella de lata entre los cabellos sin peinar, así de fácil, algo por lo que valga la pena mentir, y buscar el fiel de una balanza en el silencio puro como vidrio molido. si no se te ha rajado la mano al tomar las piedras de mis ojos, deja fluir esa música vegetal, vamos a girar en un solo paso hasta que se nos abra la vergüenza y podamos caer libremente en los contornos, un oscuro óxido a través del deseo, sin miedo a no tener qué ámbar rayar con nuestro dolor, qué explicaciones ponernos para salir del baño a la sala, al azúcar en el café, a las miradas de los perros, y yacer desahogadamente entre esos almohadones como aves domésticas.

Deja que la aguja del silencio se deslice por la isla de nuestra lengua.

Aparta tus ojos de tu mirada propia, atiende a esta navaja que gime y se enrosca entre tus pies fríos.

Porque es un animal venido de este mundo, debes andar y decirle a todos que crees en los milagros por omisión. Míralo. Déjalo jugar con los restos de aquel velero, cómo respira a través de mis poros y mis manos vacías.








MARGINALIA: Francis Sánchez Rodríguez (Ceballos, 1970). Tiene publicados los siguientes libros de poesía: Revelaciones atado al mástil (Ed. Ávila, 1996), Antología cósmica de Francis Sánchez (México, Frente de Afirmación Hispanista, 2000), El ángel discierne ante la futura estatua de David (Ed. Vigía, 2000), Música de trasfondo (Ed. Ávila, 2001), Luces de la ausencia mía (Premio «Miguel de Cervantes de Armilla», España, 2001), Un pez sobre la roca (Ed. El Mar y la Montaña, 2004) Extraño niño que dormía sobre un lobo (Ed. Letras Cubanas, 2006), Caja negra (Ed. Unión, 2006), Epitafios de nadie (Ed. Oriente, 2008). Con su libro Llamadme Libertad, (Neo Club Ediciones, 2017) obtuvo el Premio Dulce María Loynaz 2016, convocado por el Club de Escritores Independientes de Cuba (CEIC), Neo Club Ediciones y el proyecto conjunto Vista-Puente de Letras.



Entrevista a Francis Sánchez