viernes, 16 de diciembre de 2016

EL HAMBRE DE LA PATRIA (Reseña)

Acabo de encontrar esta reseña de Pedro Evelio Linares a mi libro de poesía EL HAMBRE DE LA PATRIA (1972: UNPLUGGED). Lugar donde me sonrojo y doy mi infinito agradecimiento también a los creadores de la Revista ÁRBOL INVERTIDO, Ileana Álvarez y Francis Sánchez, quienes publican el comentario.

Gracias por luchar contra el silencio.






HILERA DE FAROLES PARA APLAUDIRLE AL HAMBRE DE LA PATRIA



El hambre de la patria (1972: unplugged), del escritor cubano Arlen Regueiro Mas, resultó ser el poemario ganador del XXXIV Premio Internacional de Poesía “Juan Alcaide”, publicado recientemente por la Editorial Verbum. El jurado del prestigioso certamen reconoció en la obra: “fuerza expresiva, lirismo y experimentación formal, al tiempo que acierto para abordar desde la poesía conflictos de gran trascendencia humana”.

Cada uno de sus versos, por sí solo, constituye una joya bien pulida y convincente, una estatua monumental rebosante de hermosura y plenitud imperecederas, sin que por el afán de perfección y elegancia sonora con que fueron escritos se haya perdido nunca el rigor y el encanto, el deslumbramiento y el poder de sacudirle y enriquecerle el espíritu al lector, como tampoco ese “saborcito del alma”, esa “discreta sombra”, ingredientes que no pueden faltarle a la auténtica poesía, tal como señalaba en palabras muy lúcidas Dulce María Loynaz. Indiscutiblemente se trata de una de las voces más relevantes de la poesía cubana contemporánea, en la que confluyen diversos estados poéticos y una forma muy eficaz y madura de concebir la creación.


Hay en sus poemas no poco de experiencia mística, aunque también una fuerte carga de emotividad. Dueño de un universo íntimo e intelectual de muy vastos horizontes y matices, Arlen le canta al cuerpo, a las reminiscencias familiares, a los amigos, a la transgresión de lo impuesto por quienes piensan que detrás de las rejas se vive más y mejor, a sus angustias existenciales, a las pasiones que se reencuentran en su espíritu (a todas luces especial), y al amor. 


Es un poeta conocedor de los misterios de la palabra, que sabe identificar al pie de la letra el instante preciso en que se debe dejar de tocar la rosa, haciéndole caso a la recomendación de Juan Ramón Jiménez para que la rosa, es decir, el poema, no pierda toda su candidez, toda su gracia y frescura. Sabe además, con Rilke, que para un espíritu creador el verano siempre llega, aunque parezca prevalecer el invierno. Se ha fraguado en el yunque del dolor y de una santa y sabia paciencia; por eso no hay en sus páginas palabras que falten o sobren, como tampoco hojarasca desdeñable o extravío, y sí mucho de esplendor y rotundez.



Las referencias intertextuales en su libro dan testimonio de los fantasmas que lo rondan e iluminan, situándolo de un golpe en los territorios donde puede respirarse lo mejor del aliento universal: Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Miguel Hernández, Luis Cernuda, Virgilio, Emily Dickinson, Jim Morrison, Jaime Gil de Biedma, Dylan Thomas...


Su poesía, tal y como dice el escritor Francis Sánchez en palabras citadas en contracubierta, es “muy sensorial” y “nos regala un espacio casi preverbal, casi desasido de toda voluntad profética”. Al igual que otros dos grandes poetas cubanos: Norge Espinosa y Delfín Prats, el caudal de su obra lírica fraguada hasta el presente pudiera recopilarse en un apretado tomo, y aun sin poder ser catalogada de prolifera, resulta en cambio suficiente para ganarse un puesto relevante en la poesía cubana.


La verdad, justicia del arte, asoma en El hambre de la patria... con una energía poderosa que ciega y fulge. Hagámosle un sitio en el pecho, “en la zona donde está, más o menos, el corazón”, lugar donde según Eliseo Diego nace la poesía, con la convicción de que con su lectura asistimos a un momento destellante de la lírica cubana, al paisaje interior de un poeta que seguramente reportará a quienes lo conocemos y admiramos otros pretextos para festejar. Y por último, hagamos una hilera de faroles para aplaudirle al hambre de la patria, que en los versos de nuestro poeta deviene hambre también de las palomas, de la herida del mar y del crepúsculo.







MARGINALIA: El poeta e investigador Pedro Evelio Linares  (Ciego de Ávila, 1983), es Licenciado en Estudios Socioculturales por la Universidad Máximo Gómez Báez de Ciego de Ávila (2009) y miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Poemas suyos aparecen en el dossier de poesía avileña de la revista Videncia (No. 10), y en antologías de varios números de la revista Norte del Frente de Afirmación Hispanista, México. Aparece incluido en la selección de poetas avileños Silencio anterior a todo ruido, compilación de Herbert Toranzo y Elías Enoc Permut (Ed. Ávila, 2008). Ha realizado investigaciones sobre arqueología aborigen y colonial cubana. Uno de estos trabajos investigativos, “La marca de la rosa”, apareció en la revista cultural Videncia, No. 17. Autor del libro Poemas para fundir contra el pecho del acróbata (Ed. Ávila, 2010).

sábado, 10 de diciembre de 2016

Poetas Cubanos (III): Dulce María Loynaz





La creación poética es un misterio indescifrable, como el misterio del nacimiento del hombre. Se oyen voces, no se sabe de dónde, y es inútil preocuparse de dónde vienen. 

Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo. 

La soledad es la gran talladora del espíritu.








Nada nos hace más feliz que cierta poesía incrustada en los paisajes alumbrados por el ocaso o el amanecer, a la sombra de una música natural y constante, como son los ruidos del mar, o del arroyo que tintinea entre las piedras al desenredar sus pasos por el monte.

Nada nos contenta más que ese silencio que puebla la mañana, o la tarde, cuando solo escuchamos los sonidos de los pájaros, alegres o tímidos, en sus menesteres; o el sinfónico arrullo que produce el viento entre las cosas del mundo. 

La poesía nos obliga a gozar de su felicidad, conmueve de un modo rotundo, cuando calma nuestra nostalgia y se inventa esa tristeza feliz, el puro extrañamiento de su momento absoluto, donde somos tan efímeros como los versos del poema. 

El poema es un instante que se asoma a un lugar recóndito de nuestra vida; y también somos, en su imagen y desconcierto, el cuerpo del poema, su existencia. 

El poeta es una sustanciación de esos instantes, un orfebre que graba en su corazón el cántico del tiempo; que intenta pulir la perfección, humanizarla con cierto fervor tranquilo, un poco expectante, contemplativo. 

El silencio es un hallazgo en sus manos, un milagro de amor, el prodigio de la rosa que vuelve a mirarse, una y otra vez, en su propio alumbramiento....









La oración de la rosa


Padre nuestro que estás en la tierra; en la fuerte
y hermosa tierra;
en la tierra buena;

Santificado sea el nombre tuyo
que nadie sabe; que en ninguna forma
se atrevió a pronunciar este silencio
pequeño y delicado..., este
silencio que en el mundo
somos nosotras,
las rosas...

Venga también a nos, las pequeñitas
y dulces flores de la tierra,
el tu Reino prometido...,

Hágase en nos tu voluntad, aunque ella
sea que nuestra vida sólo dure
lo que dura una tarde...

El sol nuestro de cada día, dánoslo
para el único día nuestro...

Perdona nuestras deudas
-la de la espina,
la del perfume cada vez más débil,
la de la miel que no alcanzó
para la sed de dos abejas...-,
así como nosotras perdonamos
a nuestros deudores los hombres,
que nos cortan, nos venden y nos llevan
a sus mentiras fúnebres,
a sus torpes o insulsas fiestas...

No nos dejes caer
nunca en la tentación de desear
la palabra vacía - ¡el cascabel
de las palabras!...-,
ni el moverse de pies
apresurados,
ni el corazón oscuro de
los animales que se pudre...
Mas líbranos de todo mal.

Amen.







MARGINALIA:  Dulce María Loynaz nació en La Habana el 10 de diciembre de 1902. Fue nombrada María Mercedes Loynaz y Muñoz, pero se le conoció siempre como Dulce María. / Sin dudas es la más grande escritora cubana del siglo veinte, galardonada con el Premio Miguel de Cervantes en 1992. / En su vasta obra encontramos los poemarios "Juegos de agua", "Poemas náufragos", "Melancolía de otoño" y "Poemas sin nombre", la novela "Jardín", sus ensayos "Canto a la mujer" y "La palabra en el aire" y los epistolarios "Cartas a Julio Orlando" y "Cartas de Egipto. / Una excelente edición de sus poesías la puedes encontrar aquí. / Reproducimos en Pronósticos del Mirlo un fragmento de su conmovedor testimonio "Fe de Vida".