miércoles, 13 de enero de 2016

Poetas Cubanos(I): José Rolando Rivero



Hemos conocido que el cuaderno "Bosques fractales" de José  Rolando Rivero acaba de obtener el premio Nicolás Guillén 2016, el más importante galardón  que se confiere en Cuba a un libro de poesía inédito. Alegrándonos por la noticia y por el poeta, compartimos algunas consideraciones sobre su excelente obra y uno de los textos más contundentes. 

Enhorabuena a la poesía y al poeta.



La poesía no está en las palabras




Foto del perfil de Facebook de José Rolando Rivero



En el concurso de la poesía hay voces que conviven en las antípodas, al tiempo que funcionan como discurso complementario cuando se intenta historiar su evolución o marcaje típico. Atendiendo a este principio, puramente intuitivo (todo lo que atañe a la poesía lo es), asumo la poesía de José Rolando Rivero, su tono, como de una religiosidad épica y al mismo tiempo filosófica, en diálogo controversial respecto al coloquialismo tan propio de la poesía cubana en la segunda del siglo XX.

La obra de José Rolando (Roly) trasciende en distintas épocas por una evolución sólida, muy visible en cuanto a lo dilatado de su publicación, distintiva en una espiral que va desde el aprovechamiento retórico del cántico y el emplazamiento total de los signos, hasta la agudeza conceptual de lo humano-específico; concretando una trayectoria literaria que trasciende los límites de la leyenda urbana para convertirse en unos de los íconos fundamentales en el campo literario cubano, no solo por su proyección universal sino también por el rigor estilístico con que enarbola su discurso.

Así este poeta, artista de la plástica, diseñador, dramaturgo, curador de arte —y, en algún momento de su vida, bailarín, permanece intrínsecamente ligado a la conjunción del hecho cultural, siendo uno de los protagonistas indiscutibles de la cultura en la Ciudad de los Portales; posición esta que ha logrado mantener por su vocación de servicio ante el acto creador y la perseverancia de su maestrazgo entre los jóvenes artistas.


CASA DE FAMILIA

...cual si mi patria fuera la dilatada sombra
José Martí


Alguien voló sobre los límites de la sombra.
Algún olor oscuro. Algún temblor permanente
en los descampados de la memoria.
Alguien remontó el azul,
la Nada cernida de su mirada.
Alguien dijo, hágase la luz, y se hizo
un sabor profundo.
La anunciación de una gravidez. De un parto.

La Casa es una piel. Y es un sabor
profundo y recurrente.
Una santísima trinidad gravitando
alrededor del Ojo del agua.
Nada.
Brizna desprotegida. Sombra
que se expande. Isla
que se funda en lo alto.
Intangible es Aquel que te nombra.

Aquel que predijo la dilación del tiempo
en su cobija. El Sol
detenido en sus horcones. Madre de una Casa
díscola y contrita, Padre e Hijo
reencontrados en el callado espejo de su rostro.
En la vecindad de la lumbre y el pavor
de los que parten. Incierto animal de sacrificios
para la eucaristía del regreso.

Desde el lugar de las fundaciones
la levedad pesa
como una culpa sobre las palmas diminutas.
Ingrávidos
nos es dada la gracia de su definición.
El silencio vulnerable.
Todos los caminos
para decir los predios de la sombra.

La Casa es un corazón de monte imprevisible.
Una Ciudad que se suicida, incendiándose.
Una espuma dispersa.
Los trasgos que he visto
en la urdimbre de las hojas,
en las yerbas que ocultan su alma para mí.
El pie que trasciende las lindes inasibles
del sueño y la vigilia.

Desde sus cimientos. Alguien devora un cuerpo,
la transustanciación de un País
en un pedazo de pan blanco.
Parricida
corto día a día mis raíces,
el oscuro cuerpo de mi sombra
y maldigo un vino demorado. Una tardía sangre.
Casi presentida.

Aquel que pretendió lavarse las manos
en una prolongación del silencio.
Aquellas, mis manos, que una vez guardaron la voz
como un acto de amor.
Sombrías
del silencio y la tiniebla.
Limpias han de ser. Lavadas
en la voz de los inocentes. En la desmesurada
pureza de las llamas.

Alguien descubrió el oro secreto de la sombra
y lo puso en su boca. Y su boca aprehendió
la duración misma de la vida. Un sabor
profundo.
Ubicuo y recurrente.
Es preciso volver a nacer. La fuga de un contorno.
Isla, Casa, levedad imposible.
Palabra bautismal que me corona.

De su libro Santa palabra (Ed. Letras Cubanas, 1996)

Escuchar a José Rolando Rivero leyendo su poema Áridas Palabras.


José Rolando Rivero Moreno (Ciego de Ávila, 1957). Tiene publicado los siguientes libros de poesía: El Veedor de los Tañidos (Ed. Fidelia, 1991), Santa Palabra (Ed. Letras Cubanas, 1996), Áridas Palabras (Ed. Ávila, 2012) y Advocación del Siervo (Ed. Unión, 2012). Su obra también ha sido recogida en las antologías: Poesía Cubana Hoy (Ed. Grupo Cero, España, 1995), Antología de la Poesía Cósmica Cubana (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2001) y Silencio anterior a todo ruido (Ediciones Ávila, 2008).