lunes, 21 de marzo de 2016

EL ORÁCULO PERSONAL DE LA POESÍA MULTICOLOR

A propósito del Día Mundial de la Poesía





Si en algo debieran creer los hombres es en la poesía, fundamentalmente bajo los aires tan posmodernos y globalizadores que nos rondan. La poesía es de los últimos recursos que pueden salvar la esencia del hombre como raza por su carácter emancipador y plural.

Cuando Gabriel Celaya advierte que “la poesía es un arma cargada de futuro” esta confiriendo al verso una capacidad inigualable de redención, pero también se aventura a potenciar su perfil fundacional como ente activo, más allá de la connotación política que se quiera perfilar en torno a la frase. 

En un mensaje con motivo del Día Mundial de la Poesía el Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, declaró hace algunos años que la poesía “por sí misma, traza una cartografía de diálogos posibles entre las culturas, las historias y las memorias” implicando en dicho acontecimiento a todas las mentes del universo y al mismo tiempo propone que esta celebración llegue a todos los rincones del mundo.

Siempre he visto en la poesía algún rasgo de corte social, pero distante de toda ideología política. Su carácter tiende más hacia lo humanista desde la intimidad, pues su mensaje parte del individuo y pretende alcanzar un cosmos. No conozco poeta plural. Nadie se ha expresado nunca con eficacia en la poesía desde la colectividad, aunque si haya estado su esencia y contenido impregnado de esa pretensión, e incluso múltiples aedas lo tomaron como propósito de sus versos; siempre estuvo el creador solo (hombre o mujer) durante el instante eterno en que ocurre su hallazgo del verso, el poema, la poesía.

Para alcanzar el difícil espectro de comunión entre sí mismo y la poesía, los hombres debieran situarse en un plano “apenas sensitivo”, aprovechando esas ocasiones donde el poeta abre su mundo interior, y nos deja participar del éxtasis inigualable de la palabra cuando se vuelca a la multitud y desgrana la tenue marea de sus versos en una lectura pública; cuando imprime su desconcierto en el papel, o lo comparte en las redes a nuestro alcance para, que logremos otra afinidad posible, más íntima.

Creo que nuestra capacidad de entendimiento debiera entregarse un poco más a ese acto de fe que propician las palabras, pero también los muy diversos modos de sentir de nuestros semejantes. El propósito de la celebración debe inspirarse en el afán de salvar y promover cualquier modalidad de intercambio y diálogo al servicio permanente de la diversidad creadora y multicolor.

El inicio de la primavera y el Día Mundial de la Poesía pudieran convertirse en una ocasión ideal para abrir múltiples encuentros y lecturas para con la poesía, desde todas las partes y todas las lenguas, desde todas las razas y todos los sexos; pues no se debe olvidar, en medio de tanto verso por hacer y decir, que hoy celebramos una verdad, tan dulce como el comienzo de la primavera.




CARPE DIEM

(Apócrifo de Walt Whitman)



Aprovecha el día.
No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz,
sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho de expresarte, que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario...
No dejes de creer que las palabras y la poesía,
sí pueden cambiar al mundo;
porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.
Somos seres humanos llenos de pasión,
la vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa.
Y tú puedes aportar una estrofa...
No dejes nunca de soñar,
porque sólo en sueños puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes, huye...
"Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo", dice el poeta;
valora la belleza de las cosas simples,
se puede hacer poesía sobre las pequeñas cosas.
No traiciones tus creencias, todos merecemos ser aceptados.
No podemos remar en contra de nosotros mismos,
eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridades.
Piensa que en ti está el futuro, y asume la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte.
Las experiencias de quienes se alimentaron de nuestros "Poetas Muertos",
te ayudarán a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros, los "Poetas Vivos".
No permitas que la vida te pase a ti, sin que tú la vivas...





MARGINALIA: No puedo resistirme y acompaño esta invitación a celebrar la poesía con un apócrifo de Whitman: CARPE DIEM. Texto que muchos creen escrito por el viejo loco de Manhattan y que no aparece en ninguna de las ediciones de su poesía que conozco. Ya en otra ocasión hablare del texto, sus variantes, y los posibles orígenes. Ahora me parece, aunque espurio, apropiado para el convite que propongo.

miércoles, 16 de marzo de 2016

CÉSAR VALLEJO: El heraldo de los poetas humanos





Pese a que la trayectoria de César Vallejo parece seguir el devenir de la lírica hispana (del Modernismo a las vanguardias y del experimentalismo vanguardista hacia una poesía humana y comprometida), su quehacer poético se caracteriza por una permanente inquietud renovadora y una firme independencia en medio de las influencias del momento. Ideológicamente conservó dentro del marxismo una postura muy personal, compatible con sus preocupaciones religiosas y estéticas; rechazó el dogmatismo y la reducción de la literatura a finalidades proselitistas, viendo en el ideario marxista una senda de justicia y liberación del hombre, pero nunca una solución a las grandes cuestiones metafísicas.

Más decisiva para la configuración de su obra resulta su singular personalidad, dominada por un rasgo sumamente relevante: su acentuada sensibilidad ante el dolor, tanto para el dolor propio (fue un hombre vulnerable y torturado) como para el de los demás. Cuatro grandes poemarios (los dos últimos publicados conjuntamente tras su muerte) componen su obra lírica. Si bien debe aún bastante al Modernismo, Los heraldos negros (1918) se inserta ya en la superación de aquel movimiento. Frente a los oropeles modernistas, el estilo tiende hacia un lenguaje más sencillo, a menudo conversacional o incluso coloquial, y siempre hondísimo. Por su temática, parte de sus composiciones arraiga en la realidad americana, sentida desde su sangre indígena; pero junto a ello conviven otros muchos poemas dedicados a las realidades inmediatas: su casa, su familia...

Una profunda tristeza empaña muchas de sus composiciones ya desde el arranque de la obra, que se inicia con el poema que da título al libro, "Los heraldos negros". El alejamiento del Modernismo en ésta y en otras composiciones es patente. Frente a la belleza y perfección formal y la sensualidad y colorido de la imaginería modernista, se adopta un discurso casi coloquial, todo él emoción y desgarrada incertidumbre: "Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!". En lo que casi parece desnuda prosa se engarzan unas pocas imágenes de ascendencia religiosa: las duras experiencias por las que todo ser humano acaba pasando alguna vez son "Golpes como del odio de Dios"; tales golpes son como "los heraldos negros que nos manda la Muerte", y dejan marcado al hombre, "¡Pobre... pobre!", que al final "vuelve los ojos, y todo lo vivido / se empoza, como charco de culpa, en la mirada."

Más radical es la novedad de su segundo libro: Trilce (1922), uno de los títulos claves de la poesía de vanguardia. Vallejo adopta el verso libre y rompe violentamente con las formas tradicionales, con la lógica, con la sintaxis; crea incluso palabras nuevas, como la que da título a la obra. Algunos poemas son experimentos difícilmente comprensibles, pero en otros tal extremismo verbal se halla al servicio del choque emotivo. Es el caso de aquellas composiciones que sirven de vehículo a un recuerdo infantil o a un sentir amoroso; también hay otra vetas de emoción: la pasión erótica, la angustia de la cárcel, la opresión del paso del tiempo o la muerte. Juzgada actualmente como una de las mejores realizaciones del vanguardismo literario, la obra tardaría algunos años en ser comprendida; en 1930 fue de nuevo publicada en España con un prólogo entusiasta de José Bergamín.

Entretanto, Vallejo había iniciado un nuevo libro de poemas que se publicaría tras su muerte, en 1939: Poemas humanos. Es su obra cumbre, y uno de los libros más impresionantes jamás escritos sobre el dolor humano. Vallejo trasciende lo personal para cantar temas generales, colectivos, reuniendo la intimidad lírica con la conciencia común, en una actitud de unión con el resto de los hombres y el mundo. El dolor sigue siendo el centro de su poesía, pero ahora, junto a sus torturadas confesiones, hallamos el testimonio constante de los sufrimientos de los demás; la conciencia del dolor humano desemboca en un sentimiento de solidaridad, y la inquietud social inspira la mayor parte de sus versos.

Pero su vigilante conciencia artística le impide caer en la facilidad. El lenguaje del libro sigue siendo audaz (aunque menos que en Trilce): perviven las distorsiones sintácticas, las imágenes insólitas y la combinación incoherente (en apariencia) de frases heterogéneas. Ello no impide percibir con inusitada intensidad el sentido global de cada poema. A ello contribuye, por otra parte, el constante empleo de un registro coloquial, aunque sabiamente elaborado y magistralmente combinado con las expresiones ilógicas y metafóricas.

Sin entregarse a radicales experimentaciones lingüísticas, Vallejo introduce una tonalidad nueva y original en su estilo: el ritmo y la organización de los materiales del poema pasan a un primer plano; sus composiciones se hacen más largas, más ricas en visualidad, y adoptan en ocasiones una irónica amplitud casi retórica, en suma, indiferente. Tales expresiones no hacen sino poner más de relieve el sentimiento solidario que, pudorosamente ocultado bajo ese formulismo, se desborda al final.






LOS HERALDOS NEGROS



Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!



ESPERGESIA


Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.

Pues yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.



¡CUIDATE, ESPAÑA, DE TU PROPIA ESPAÑA!


¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
Cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
Del verdugo a pesar suyo
Y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
Negárate tres veces,
Y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
Y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
Del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
Y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la república!
¡Cuídate del futuro!





MARGINALIA: César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 – París, 15 de abril de 1938) fue un poeta y escritor peruano. Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX y el máximo exponente de las letras en su país. Es, en opinión del crítico Thomas Merton, «el más grande poeta católico desde Dante, y por católico entiendo universal» y según Martin Seymour-Smith, «el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas».

lunes, 7 de marzo de 2016

EL HAMBRE DE LA PATRIA (I)



El niño de la mochila azul



Qué te pasa, chiquillo, que grave inquietud hay en tu mirada, mientras escuchas pasar la lista y él no está presente, se lo llevaron el mar y su silencio, las horas que nunca estuvo a tu lado.

Qué dolor, qué olvido es, niño profundo; dónde está tu libro de saber historia, el cuaderno de teoremas y raíces triangulares, donde dibujas un corazón pequeño, hoy que nadie se asoma a la ventana, ni grita que ha visto un ángel o una mariposa posada en el recuerdo.

Qué te pasa, chiquillo, que guardas en un bolsillo la mitad de tu merienda, los postres de anís y mantequilla. El viejo arlequín de los espejos no puede empinar su papalote, ni fugarse a lo profundo del río, cuando llegan los aguaceros de octiembre; y estás más solo que la una, que las dos, que las tres y que las cuatro.

Qué silencio baja por el asta de la bandera, niño azul y remoto. Qué circo no asoma en la plaza; qué viernes volverá, para lamer el helado de siempre derretido encima del uniforme, mitad chocolate y mitad menta.

Qué cerca podrás brincar, para no estar en la última clase, ni saludar al triángulo sin estrella, profundamente carmesí, de un rojo extraño, que ya no es el mismo, como tampoco lo has sido tú durante este poema, mientras chupas una semilla de mango, y te detienes a lanzar piedras al tamarindo, a la catedral, a los techos del hambre y el mundo.

Quien podrá borrar la torpeza de tus ojos, el secreto de un beso junto al arcoíris, antes que el río creciera, y se llevara consigo tus recuerdos del abuelo pensado en España, los mejores juguetes de tu amigo, su cómplice silencio al mirar las estrellas.

Qué te pasa chiquillo, que te pasa, si casa y escuela parecen lo mismo, y no puedes hablar en la primera persona del plural, no tienes a nadie, que avive el sueño del camino al colegio, o te sorprenda al voltear la esquina con una nueva especie de árbol.

Para qué vas a volver si él ya no te espera.
Para qué regresar si eres nadie.







MARGINALIA: El Hambre de la Patria (1972: unplugged)