viernes, 17 de junio de 2016

MEMORIAS DEL CUERPO (I)


¿No era acaso el tiempo la sustancia de todo sufrimiento? No era el tiempo la causa misma de todo temor y toda tortura? No se suprimiría acaso todo el mal, toda la hostilidad del mundo en cuanto el tiempo fuera superado, en cuanto se aboliera la idea de tiempo?
  Hermann Hesse  



Crecer se hace difícil. Hacerlo a conciencia, por mucho que uno lo intente, es imposible.

Hay momentos que nos marcan para toda la vida. Instantes en los que cambiamos por completo y no somos conscientes de que sucede algo distinto muy dentro de nosotros. Pasan cosas que uno no puede entender y tarda en incorporarlas a su misterio, tanto que a veces se descubre que no es uno mismo, el de antes, si no otro muy diferente.

Escribir, sacar de adentro esa experiencia no hace olvidar, pero nos ayuda a entender, o en todo caso a aliviar la carga de ese dolor que nos impide continuar el camino... 

Al menos, aquí, eso  intento...

         




A los nueve años



A los nueve años
un hombre dejó mi piel como la hierba
evitando la ingenua cisura de mi cuerpo

Dejó días incontables
acequias que pudiera olvidar
si no fuera la noche tanta y muy oscura
con su rotundo peso destejido

Habitó una casa lánguida
sobre la cruda falsedad de perderme

En mí crecieron estas largas manos
un lugar donde mirarse
el rabioso borde de los cuchillos

Hoy solo queda
un ligero aprendizaje de la nieve



MARGINALIA: Este poema pertenece al cuaderno Memorias del Cuerpo que aparece en el libro que da nombre a este blog. Otros poemas del mismo pueden leerse aquí. / Detrás de este texto hay un paisaje, una sombra, un ruido que se escucha en todos los rincones y está por aparecer.